|
¿Por qué pinto?
Porque me
articulo de esa manera con el aquí, el ahora y el mundo. Podría decir,
recién pintando es que despierto.
No es
siempre seguro que lo logre, pero trabajar significa esa chance. Es la
posibilidad de mayor conciencia, con todo lo que eso trae consigo. Recién en
ese estado siento que puedo servir, o quizás se trata simplemente de encajar
más perfectamente o menos defectuosamente en mí y en el mundo.
Creo que
puedo llamar a ese estado, lo real.
La búsqueda
de lo real es el motor. Pero no es de cualquier manera que eso puede
suceder. Como en todas las cosas —valga la amplitud— se requiere equilibrio,
autodominio o templanza... O sea que sólo queda seguir trabajando.
Mucho me he
peleado queriendo fundamentar que un cuadro no tiene otro
significado, que no quiero decir ninguna otra cosa más que lo que está
ahí adelante, lo que ha llegado a tener precisamente esa forma, ese aspecto.
Y que no puedo sustituirlo por palabras.
Independientemente de la probabilidad de que me vuelva a pelear —siempre es
eso posible—, ahora entiendo algo más y es que la condición de lo real,
no es qué significa (esto o aquello) sino precisamente que sea,
su condición de ser.
Otras
cuestiones vinculadas a lo que hago, pero referidas a lo plástico en sí o a
la estética en general, para mí quedan subordinadas por completo a lo
anterior. En este sentido, no estoy consustanciada con ningún criterio de
análisis que quiera argumentar.
Sí, valoro
que mi trabajo pudiera conectar de verdad con dos variables: la época y el
lugar que habito. |